martes, 1 de octubre de 2013

Tres artistas locales diseñan el futuro retablo de la ermita de San Pedro, de El Carpio


Tras la restauración de la imagen del Ecce Homo, patrón de El Carpio, que se llevó a cabo hace escasos meses, su cofradía ha finalizado ahora las obras de la ermita de San Pedro, que han proporcionado a la parte del altar un remozado aspecto y han permitido la recuperación de la estructura original del ábside, que según se piensa es del siglo XVI. Este rehabilitado muro será el emplazamiento que albergue el nuevo retablo diseñado por tres artistas carpeños: Felipe Gutiérrez, Jesús Zurita y Jose Gavilán, habiendo sido el segundo el encargado de llevar al papel la idea conjunta. En ella los tres han sumado sus propuestas con un fin común: que la ermita donde se cobija la imagen religiosa más venerada de la localidad cuente con un retablo peculiar hecho desde, para y por El Carpio.
La configuración del nuevo conjunto escultórico es fiel a la tradición barroca, pero se ha proyectado a partir del rescate de las trazas originales del ábside. Así, al trabajar en el retablo, también se quiere poner en valor la arquitectura de la propia ermita, conforme opinan los artistas. Estos han desvelado que, como el espacio es reducido, lo primero que se plantearon fue cómo conseguir multiplicar sus dimensiones y, para eso, echaron mano de la técnica del trampantojo: una multiplicación ficticia del espacio visual para lograr mayor amplitud. También querían conseguir, a la vez, que la imagen del Cristo se realzara y cobrara más protagonismo. Con estos fines, el retablo se compondrá de unas pilastras con columnas salomónicas y, a partir de ahí, se entrelazarán dos arcos jugando con el referido efecto arquitectónico del trampantojo para aumentar el espacio y conseguir sensación de profundidad.
En la parte central del retablo se construirá un nuevo baldaquino, con el que se pretende que el Ecce Homo quede como suspendido en un relicario, volviendo a insistir en la idea de que todo irá enfocado a que la imagen del Cristo tenga la mejor ubicación. Esto también se conseguirá colocando al Ecce Homo en el retablo de tal forma que su cara esté en el centro de un círculo imaginario formado por la prolongación de los arcos. Igualmente, se pretende que las columnas, partiendo desde el suelo, contribuyan a dar mayor esbeltez a la composición.
Aunque la estructura sea barroca, sus creadores quieren introducir en la ornamentación elementos más contemporáneos, como hojarasca autóctona o plantas del entorno; incluso se ha pensado en representar un galgo (el perro encarna la fidelidad y tiene gran simbolismo para este pueblo).
En la parte superior, el retablo irá coronado por la cruz (recuérdese el origen de la ermita, ligado a un trozo del lignum crucis). Y también se buscará colocar otros elementos típicamente barrocos, como los espejos y, en la parte de arriba, un rompimiento de gloria.
Por último, aunque la remodelación del ábside ha eliminado unas hornacinas de los años 50, las imágenes de los arcángeles San Miguel y San Gabriel y de la Virgen del Carmen que había en ellas se añadirán al retablo, para respetar esas devociones populares. Igualmente irá integrada en el retablo una mesa de altar, que se extraería para oficiar la misa.

Una vez presentado este proyecto, ideado por Gutiérrez, Zurita y Gavilán de forma altruista y disfrutando mucho en el proceso, según han confesado, la cofradía busca los apoyos suficientes para que se materialice en la práctica. El directivo Lorenzo Aguilar asegura que harán todo lo posible para que se vaya consiguiendo poco a poco y cree que en el plazo de dos o tres años podrá iniciarse. También destaca que, en toda la evolución del diseño del retablo, se ha estado trabajando en permanente contacto con los artistas y no omite alabar la reforma que ha conseguido sacar a la luz la estructura original del ábside.

DOMVS AVREA. La construcción de un sueño dorado.

                La Ermita de San Pedro es la piedra que, durante siglos, ha sido testigo permanente de la relación de Dios con el hombre en nuestro pueblo, este encuentro se ha desarrollado en un entorno bucólico, en el que puede advertirse el aliento de la vida brotando de cada surco de la tierra.
Con sus más que posibles orígenes como templo romano, su posterior conversión en recinto cristiano, mezquita y tras la Reconquista nuevamente cristiana, la Ermita es un elocuentísimo edificio que habla, como ningún otro, de la historia de nuestro pueblo. Es un edificio vivo, en continua transformación, que aglutina rasgos y elementos de todas las épocas, que caprichosamente permanecen o desaparecen. Cada generación ha dejado su huella en el recinto sagrado, esta capacidad aglutinadora de estilos y formas convierte el monumento en un espacio único, modelado por el tiempo de forma caprichosa, no sujeta a normas. El transcurso del tiempo ha sido el canon que ha modelado el espacio.
La Ermita carece sin embargo de una solución definitiva en el ábside. Una mirada relativamente sincera es capaz de advertir que los elementos muebles del mismo carecen de sentido estético, y en definitiva de una planificación lógica acorde a la originalidad del recinto y a la excelente calidad de la talla del Ecce-Homo.
No existen fuentes documentales, gráficas u orales que aporten información precisa acerca de la existencia tiempo atrás de un retablo que cobijara la antigua imagen del Patrón de nuestro pueblo, que al menos desde la primera mitad del XVIII preside el ábside de la Ermita. Sí parece claro que este lugar lo ocupaba primitivamente una pintura que representaba a San Pedro.
Para corregir este estado ciertamente precario, a petición de la Junta de Gobierno, y aprovechando las obras llevadas a cabo mientras se sometía a la Imagen de Ntro. Señor a un proceso de restauración, propusimos primero recuperar la estructura original del Ábside, probablemente del Siglo XVI, limpiándolo de elementos extraños,  y segundo proyectar un solución definitiva que cobijase, a modo de relicario, a Ntro. Señor Ecce-Homo.
Teniendo en cuenta las necesidades funcionales que plantea la cuestión, se decidió proyectar un retablo dorado, que desde sus planteamientos buscase los mejores parámetros para presentar al pueblo la Imagen del Ecce-Homo, con un concepto que ligase con el estilo artístico de la propia Imagen, sin renunciar a la inclusión de formas más contemporáneas.
La tipología del retablo dorado constituye una de las manifestaciones artísticas más representativas y singulares de nuestro acervo cultural. En él se sintetizaban prácticamente todas las artes plásticas. Como se ha señalado en multitud de ocasiones, el retablo es, junto con la escultura policromada, la gran aportación española a la historia del arte. Para los artistas, durante siglos, el retablo se ha considerado el fin más digno y más noble para sus obras, por ejemplo una pintura tenía mucha más importancia si su destino era un retablo antes que una colección privada.
El importante desarrollo que adquieren a partir del siglo XV está directamente relacionado con su función prioritaria: servir de vehículo de evangelización para el pueblo, transmitiendo de forma tangible el mensaje del dogma católico. Son construcciones, que de forma paradójica levantan un pórtico desbordante que conduce al espacio de lo eterno.

El retablo, en su condición de marco, es el dispositivo idóneo para que la referencia a la realidad espiritual correspondiente a las Imágenes Sagradas alcance la claridad  expositiva necesaria, con objeto de ser mostrada a los fieles de forma cálida y directa.  El retablo, además de ejercer una indudable influencia sobre la sensibilidad del fiel, configura el escenario de la liturgia.

Ha sido para nosotros un honor formar parte de este importante e histórico proyecto con la absoluta confianza y entrega por parte de la Junta Directiva. Esperemos que este sueño de oro  se convierta en realidad, con la ayuda de todos y podamos contemplar a Nuestro Patrón en esa Domus aurea ( Casa de Oro).

Por Jesús Zurita, José Gavilán y Felipe Gutiérrez.

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